El 23 de marzo de 1814 nace en Cuba, Gertrudis Gómez de Avellaneda

Poetisa, dramaturga y narradora cubana, nacida en 1814 en Puerto Príncipe, hoy Camagüey.

Figura cumbre femenina de la literatura cubana, y a la altura latinoamericana de Sor Juana Inés de la Cruz. Escribe versos y cuentos desde niña; un drama en la adolescencia, Hernán Cortés. Ha tenido preceptores en el hogar y ha leído mucho en español y en francés. Cuando marcha con su familia a España (1836) posee una cultura no usual para su sexo y su época. De aquella fecha es el soneto “Al partir”, que abre todas las ediciones de sus Poesías (1841, 1850 y 1869). Al pisar tierra de España, “llega la romántica más romántica (…) del romanticismo en lengua española”. Tras breve estancia en Burdeos —adonde ha girado el padrastro los fondos de la familia—, pasa en La Coruña dos años y otros tantos en Sevilla. Visita en Constantina de la Sierra a la familia de su padre (don Manuel, subdelegado de marina y comandante de puertos en la jurisdicción de Puerto Príncipe, muerto al contar ella ocho años). Publica versos en El Cisne (Sevilla, 1838); en La Aureola de Cádiz y La Alhambra de Granada (1839), todos con el seudónimo de La Peregrina. De los años 39 y 40 datan sus cartas a Ignacio Cepeda, considerado como uno de los mejores epistolarios de nuestra lengua.

Se da a conocer como dramaturga al estrenar Leoncia en salas de teatro de Sevilla, Cádiz, Málaga y Granada (1840). Colabora en El Laberinto, El Globo, La Ilustración, Revista de Madrid, El Español, El Heraldo, Semanario Pintoresco, Correo de la Moda, etc. Sus colaboraciones se reproducen en publicaciones cubanas y de otros países de Latinoamérica.

La publicación de sus Poesías es seguida de cerca por la de Sab, primera novela antiesclavista en español, que evidencia ya sus preocupaciones por la discriminación social, personificadas en una mujer y un esclavo, el cual reconoce en la de ella una servidumbre peor que la propia. Con Dos mujeres, vuelve al problema femenino, para denunciar la aberrante injusticia de la indisolubilidad del matrimonio, sin olvidar otros conflictos creados por las desigualdades sociales. Desde entonces, éste ha de ser su grande y único tema, tratado con mayor o menor extensión en los variados asuntos de toda su obra para retratar tipos específicos de discriminación. Así se convierte en pionera de un feminismo humanista que aboga por todos los discriminados. De su narrativa irán apareciendo varias tradiciones, algunas biografías y dos nuevas novelas: Espatolino, basada en la vida de un italiano marginado que roba, como Robin Hood, para dar a los pobres, y lucha contra los invasores franceses de su patria, y la monumental Guatimozín (V.).

La Avellaneda ocupa un lugar señero en el mundo literario hispanohablante. “Si la literatura española tiene una personalidad extraordinaria romántica, es porque vino de Cuba: la Avellaneda…” (Bravo-Villasante, 26). Mereció elogios, premios y homenajes, y fue combatida por las que hoy consideramos sus más correctas posiciones contra los prejuicios imperantes en su época. La crítica actual destaca la grandeza de su obra, la novedad de sus enfoques y la valentía con que defendió su ética y su estética. Poeta de notables dotes musicales, que jugó con una amplia gama de metros, ritmos y estrofas —en su poesía lírica y dramática—, se aproximó al actual versolibrismo y ametría, y se anticipó al modernismo, en versos «rubenianos» como los de “En los Reales Sitios” (1849). “Hay que buscarla en la parte de su obra que es negación de su época seudo-rromántica (…) en lo que es fiel a lo romántico esencial, vivo, temperamentalmente intacto en todas las épocas” (Lazo, 90).

Sus “dos primeras novelas marcan en la narrativa latinoamericana el inicio de una tradición literaria femenina” (Guerra, 708), que desde los años setenta está mereciendo renovada atención de la crítica. En cuanto a su estilo y estructuración, la “capacidad casi taumatúrgica de poner en pie una situación o un personaje con unas pocas palabras, aparece radiante en esta mujer” (Bravo-Villasante, 49). “Su teatro no tiene paralelo con el otro teatro de su tiempo. Es un poderosísimo teatro construido con un vigor extraordinario y al mismo tiempo lleno de ideas” (Portuondo, 13).

Texto escogido del DELAL

 

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